lunes, 11 de febrero de 2013

Capítulo 9.

Me desperté sobre las once de la mañana y bostecé como un gatito. Al darme la vuelta, a mi izquierda, me encontré con Abdel, y besé su frente con suavidad, estaba dormido como un bebé. Me levanté sigilosamente y bajé las escaleras del apartamento. Caminé hacia la cocina y abrí la nevera, que Abdel había hecho llenar desde casa el día anterior, después de llamar a ese restaurante italiano en el que servían esa pizza tan rica y los spaghetti deliciosos. Abrí un envase con leche con ayuda de las tijeras y vertí algo más de la mitad en dos tazas y las puse a calentar en el microondas. Mientras se calentaban, me dispuse a preparar dos tostadas en la tostadora, que, al igual que el microondas y casi todos los objetos del apartamento, parecía muy cara. Abrí el microondas, cogí las dos tazas con leche y, con la ayuda de un cuchillo saqué las rebanadas de pan de molde y las puse en dos platos. Esparcí mantequilla y miel en las tostadas y metí una pequeña cuchara con cacao en polvo en cada taza, y coloqué todo aquello en una bandeja de plástico y madera que cogí con las manos para llevarla a la habitación de mi amor. Subí las escaleras con cuidado y divisé el cuarto en el que habíamos dormido, y a Abdel sobre la cama, dormido, con su linda y suave cara al aire y sus tiernos ojos bicolores cerrados. Me acerqué sigilosamente a la cama e intenté utilizar mi magia, que funcionó. La ropa de Abdel desapareció y aplaudí sin hacer demasiado ruido. Tapé la parte de debajo de su cintura, no quería que él se sintiese acosado. Miré su pecho. Unos abdominales marcados ornaban su vientre, que era lo justamente delgado para excitar a cualquier persona. Me acerqué más y besé su tripa con toda la ternura del mundo una y otra vez. Abrió los ojos y bostezó con suavidad. Levantó la sábana que lo cubría, miró su cuerpo desnudo y se sonrojó.
-¿Cómo...?
-Te la he quitado, con magia.-respondí con una sonrisa encantadora, de esas que le encantaban.
Miró de nuevo su cuerpo desnudo y luego a mí.
-Eres, somos demasiado jóvenes... ¿no ha... pasado nada?-preguntó cauteloso, casi horrorizado, a lo que yo contesté con una sonrisa divertida.
-Para nada, sólo me he entretenido viendo tu pecho y dándole besos.-dije, y deposité el último en el ombligo.
Sonrió y abrió los brazos. Dejé la bandeja con el desayuno en la mesilla y me refugié en ellos, que me abrazaron con cariño.
-Hoy vamos a ir a la montaña que hay a un kilómetro de aquí.-susurró en mi oído, y añadió.-Muchas gracias por traerme el desayuno, nos va a hacer falta.
Le respondí con un beso en la frente y nos sentamos juntos en la cama, comiendo las tostadas y bebiendo la leche con cacao. Cuando acabamos él me mostró un armario con ropa. Cogí un chándal, una camiseta y una sudadera que olía a él. Nos preparamos durante una hora, tomando todo lo necesario para el pequeño viaje y salimos de aquella casa.
-¿Vamos a coger el coche?-inquirí mirando hacia el monte.
-¿Para un kilómetro?-preguntó-No, ya te llevo yo.-dijo, y agitó los brazos, que se convirtieron en aquel aparato que yo tan bien conocía ya.
Sonreí y salté sobre su espalda. Me lo pensé un segundo y golpeé su culo riendo.
-¡Arre!-grité, y en unos minutos, a una velocidad lenta, llegamos a aquel lugar.


Sanne se volvió hacia donde se encontraba Trévil y le sonrió. Trévil le devolvió la sonrisa y ambos observaron a Ariana, que se encontraba comiendo unos malvaviscos delante de la improvisada hoguera que habían preparado. Ella les miró un segundo y después frunció el ceño.
-Me acuerdo de mi hermano.-dijo secamente.
Sanne se acercó a ella con intención de hablar, pero ésta la detuvo.
-Recuerdo que estábamos en un lugar algo oscuro, y yo estaba con él, y no podíamos escapar.-explicó, y una lágrima salpicó su mejilla.
-Lo que pasó es que te empujó para salvarse, querida.-dijo Sanne.
-No, no puede ser... él no era así... creo.-susurró la pelirroja muchacha, y hundió la cara entre sus manos.
Trévil sonrió y cerró los ojos. Buscó la mente de Ariana e inspeccionó en sus pensamientos el último recuerdo que guardaba de Abdel. Encontró gran variedad de recuerdos, pero ninguno posterior al momento en que la habían encerrado en el Cíbex. Susurró una palabras. Ariana no las podía oír. Eran palabras en forma de recuerdos. Ariana comenzó a ver cómo había olvidado lo que sucedió. Unos bandidos la habían secuestrado, lo veía, lo recordaba. Recordó cómo suplicó ayuda a su hermano, que la miró, esbozó una falsa sonrisa y la empujó con el pie hacia sus captores antes de gritar y salir corriendo de aquel lugar. Luego, todo se volvió negro.
Sanne avanzó hacia ella.
-¿Seguro que no recuerdas nada?-preguntó con una voz suave.
-S-sí, sí recuerdo... un poco. A...Adler me... me empujó. Me empujó para salir corriendo.
-Ahora se hace llamar Abdel. Creemos que es para alejar ese oscuro pasado en el que se portó como un cobarde. Nosotros te conseguimos salvar, pero un golpe en la cabeza cuando hacíamos alpinismo te hizo borrar toda tu memoria de golpe, menos lo anterior a ese acontecimiento que te marcó para siempre.
-Me tengo que ir.-dijo Trévil en voz alta. Guiñó un ojo a Sanne y besó sus labios con ternura. Luego se despidió de Ariana con algunas caricias en la espalda para reconfortarla, y salió de su campo de visión.
<< ¿Qué vas a hacer? >>-preguntó Sanne, utilizando para ello su facilidad para comunicarse telepáticamente.
<< Voy a destruir el Cíbex... y a lograr que el tonto de Abdel lo vea bien. Creerá que estoy matando a su hermana, y vendrá a nosotros. Entonces lo atraparemos, y lo utilizaremos para atraer a la chica. Luego, mataremos a los dos. >>-explicó, y rió de forma obscena, adentrándose en la oscuridad.
Sanne miró a Ariana. Parecía haberse calmado. La abrazo y susurró algunas palabras de consuelo.
-Tranquila, cariño. Te aseguro que Abdel pagará por lo que te hizo.-dijo, y esbozó una sonrisa al ver que Ariana también sonreía.-¿Estás mejor?-preguntó.
La chica asintió y la miró algo colorada.
-Esto... Trévil y tú...
-Oh, sí, somos novios. Bueno...-dijo Sanne, y se echó por encima de Ariana esparciendo un limpio aliento por su frente.-Si quieres...-comenzó a decir mientras besaba su nariz y, tras eso, colocaba su boca frente a la de la muchacha.-Si quieres, podemos compartirlo.-susurró, y besó su boca impulsada por una mezcla entre ternura y pasión.
-S-sí... como quieras.-dijo Ariana, extasiada.-Me encantaría.-dijo. Esbozó una sonrisa y respondió al beso de su nueva amiga con otro más duradero, acariciando la espalda de ésta y jugando con la lengua. Cambiaron de posición y se tumbaron, frente a frente.
-¿Has hecho esto alguna vez?-preguntó Sanne.-Ya sabes, besar a alguien.
-Creo que no... de pequeña besaba a mis padres y a mi hermano, pero esto es nuevo para mí.-susurró.-¿No he conocido a ningún chico o chica antes de... bueno, antes de perder la memoria?
-No, encanto.-respondió Sanne, y ambas se abandonaron en otro largo beso.


Sonreí al ver a Abdel, tumbado en la cama y roncando suavemente como si de un bebé se tratara. Aquel había sido un día muy movido. Había ido con Abdel al monte y había andado más de quince kilómetros cuesta arriba. Había sido difícil pero lo había logrado. Habíamos visto vacas, cabras, ovejas y caballos y, al llegar a la cima, un cervatillo se había acercado a nosotros.
Había sido un día maravilloso. Casi tan maravilloso como el fuerte y fantástico adolescente que dormía a mi lado. Le quité la sábana de encima del cuerpo. Tenía puestos unos pantalones de pijama, pero el torso lo llevaba desnudo. Besé repetidas veces su abdomen y su pecho al mismo tiempo que se lo acariciaba con la mano, asombrada por su dureza y por los abdominales que dejaba ver. Volví a taparlo con la sábana y miré el reloj que había al fondo de la habitación. Eran las tres de la madrugada, y no podía dormir. No paraba de pensar en el bosque que habíamos atravesado aquella mañana, el monte que habíamos subido y los bonitos animalitos a los que habíamos saludado, obteniendo como respuesta un murmullo de aquellos bellos animales.
Fui hasta la cocina y bebí un vaso de agua para humedecer mi garganta. Subí y me entretuve mirando los dibujos que había en la pared. Parecían cuadros, pero el que firmaba no era otro que Abdel. Al pasar por delante de la habitación en la que dormía éste, observé un pequeño cuadro con un marco no demasiado caro ni raro. Mostraba el dibujo de una montaña. Era la montaña más bella que había visto nunca. Parecía ser el monte al que habíamos subido esa mañana, aunque Abdel había eliminado el parking para coches y todo rastro de objetos que pudiesen dañar la pureza que rebosaba en aquel paisaje. Entré en la habitación y me tumbé en el lado de la derecha de la cama. Besé su frente por última vez y me acurruqué contra su pecho, sintiendo su aliento recorrerme la piel y su suave olor embriagar mis sentidos.
Me desperté dos horas más tarde al oír un grito de Abdel. Lo miré.
-Déjala... ni se te ocurra, no... ¡no lo hagas!-gritó. Estaba sudando y se agitaba en la cama. Lo zarandeé, intentando que se calmase, pero me apartó. No parecía ser consciente de lo que sucedía.

En ese momento tomé una decisión. Cerré los ojos y busqué su aura, su energía, su magia... su mente. Estaba ahí, sólo hacía falta lograr entrar en ella. Me encontré volando sobre Abdel y vi mi cuerpo tumbado a su lado. Me abalancé sobre mi amigo y entonces lo vi. Trévil, el inútil y estúpido de Trévil, tenía un objeto esférico en la mano. No era muy grande, pero tampoco era enano. Vi a Abdel a mi lado, aunque éste no se había percatado de mi presencia. Todo parecía irreal. Aquella estancia, Trévil... y sobre todo Abdel y yo, que éramos casi transparentes. Trévil miró a Abdel durante unos segundos.
-Tú te lo has buscado, y tu amiga también. No ha pasado una semana entera desde que te di un ultimátum, pero me gusta jugar a ser compasivo... y voy a eliminar tu sufrimiento de una vez por todas.-dijo y, ante nuestros ojos, lanzó la esfera con todas sus fuerzas contra el suelo, causando una pequeña explosión. Una gran nube de polvo blanco y azulado cayó por toda aquella sala, y vi el rictus de rabia y el rostro desencajado de Abdel, que miraba anonadado y con lágrimas en los ojos a Trévil. Entonces algo me impulsó hacia fuera. Me golpeé contra las paredes de la habitación en la que segundos antes habíamos estado tumbados, y en la que nuestros cuerpos seguían. Una ráfaga de algo que se habría parecido al viento de no ser porque no me empujaba sino que tiraba de mí me atrajo y caí sobre mi cuerpo. Abrí los ojos y miré mis manos, palpando mi cuerpo. A mi lado Abdel lloraba con la cara hundida en la almohada. Le toqué el hombro y me miró con ojos vidriosos, lagrimeando.
-Abdel... por favor, hazme caso, seguro que era un truco...-comencé, pero él negó con la cabeza.
-¡No es ningún puñetero truco!-gritó, y se levantó de la cama.-¡¡¡VOY A MATARLO!!!-bramó con fuerza, y abrió la ventana.
-Abdel, por favor...-gimoteé llorando también, pero él no podía escucharme.-por favor, no le hagas caso, no es real, lo presiento...-susurré, y vi por el rabillo del ojo cómo saltaba por la ventana y volaba tan rápido como podía hacia algún lugar desconocido.

1 comentario:

  1. A Paz de Cristo,

    Conhecer seu blog alegrou meu coração, e um bálsamo para todos que acessam esse espaço abençoado.

    Como prova do meu amor cristão deixo uma lembrancinha que fiz, espero que goste do acróstico:

    C ultivar uma vida de oração.
    R evigorar-se pela leitura diária da Palavra.
    E star sempre disposto a obedecer a Deus.
    S er uma testemunha fiel no viver e no falar.
    C onsagrar a Deus seu corpo, tempo e talentos.
    E sperar de Deus a orientação para a vida.
    R evestir-se do poder do Espírito Santo.

    Nós precisamos CRESCER na Graça e no conhecimento do nosso Senhor e Salvador Jesus Cristo.
    A propósito, caso ainda não esteja seguindo o meu blog, deixo o convite.
    http://frutodoespirito9.blogspot.com/

    Em Cristo,

    ***Lucy***

    P.S. Convido a visitar o blog do irmão J.C. repleto de mensagens abençoadoras; algumas polêmicas, porém ricas de entendimento.

    Acesse:
    http://discipulodecristo7.blogspot.com/

    ResponderEliminar